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Atacar a las autoridades

Etiquetas: henrik ibsen, un enemigo del pueblo.

18th June 2019

HAUSTAD.—Puede ser un colaborador impagable.

THOMSEN.—Sí, en tanto se limite a la historia del balneario; pero si va más adelante, no podemos apoyarlo sin más.

HAUSTAD.—¡Bah!, eso depende de…

BILLING.—Pero usted es un terrible miedoso…

THOMSEN.—¿Miedoso? Sí, cuando se trata de las autoridades locales, soy muy miedoso; en esa materia he aprendido algo en la escuela de la experiencia. Pero hábleme de alta política; haga usted, si quiere, oposición al Gobierno, y ya verá usted si tengo miedo.

BILLING.—¡No, ya lo sé; entonces no! Pero en eso consiste precisamente su doble naturaleza.

THOMSEN.—La cosa es muy simple. Yo soy un hombre de conciencia. Si uno ataca al Gobierno, no causa uno el menor daño, porque se preocupan muy poco de lo que digan los periódicos…, sigue donde estaba. Pero las autoridades locales pueden ser destituidas; y los agitadores, encargados de sustituirlas. Y entonces toma quizás el poder gente inepta, con daño incalculable para la Asociación de Propietarios y de otras personas. Por eso digo: en la política local, quietecitos.

HAUSTAD.—Pero la educación política del hombre sencillo por la autoadministración, ¿qué cree usted de eso?

THOMSEN.—Cuando se ha conseguido adquirir algo que vale la pena conservar, no se puede pensar en todo, señor.

HAUSTAD.—Si es así, ojalá que yo no llegue a adquirir nunca nada.

BILLING.—¡Muy bien!

THOMSEN.__(Sonriendo)__ —¡Hum! (Señala el pupitre.) En la silla de redacción se sentaba antes de usted Steinhoff el síndico.

BILLING. (Escupiendo) —¡Uf! ¡Un tránsfuga sin igual!

HAUSTAD.—Yo no soy una veleta ni lo seré jamás.

THOMSEN.—Un político no debe jurar eso, señor Haustad. Y en cuanto a usted, señor Billing, según me han comentado, pretende usted un puesto de oficial en el Ayuntamiento.

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

Enemigo del pueblo

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18th June 2019

STOCKMANN.—El pueblo del que aquí yo hablo no está sólo en las profundidades; se agita, se desliza y se arrastra alrededor nuestro hasta las capas más altas de la sociedad. Vean si no a nuestro elegante alcalde. Mi hermano Hans pertenece, tanto como otro cualquiera, al montón… (Risas y protestas.)

ALCALDE.—Protesto contra semejantes ataques personales.

STOCKMANN. (inconmovible.) —Pero no porque, lo mismo que yo, descienda de un antiguo pirata de la Pomerania o de por allí cerca, porque de él descendemos nosotros los Stockmann…

ALCALDE.—Es una fábula absurda. ¡Protesto!

STOCKMANN.—…sino porque piensa con los pensamientos de sus superiores. Y quien eso hace, pertenece espiritualmente a la plebe: he ahí por qué es en el fondo tan poco distinguido mi imponente hermano Hans…, y por ende, tan poco liberal.

ALCALDE.—¡Señor presidente!…

HAUSTAD.—Con otras palabras, los distinguidos. ¡Un descubrimiento completamente novedoso!

STOCKMANN.—Sí, eso también forma parte de mi nuevo descubrimiento. Y además otra cosa: que liberalismo es equivalente a moralidad. Y por eso digo: es absolutamente falsa la doctrina que el Eco del Pueblo día por día pregona que la masa, la multitud, la compacta mayoría, encierra en sí toda la libertad y toda la moral, y que la inmoralidad y toda la inmundicia espiritual son producto de la cultura, de igual manera que las inmundicias que colman las aguas se amontonan allá arriba en el Valle del Molino. (Protestas e interrupciones. STOCKMANN continúa imperturbable.) ¡Y ese mismo Eco del Pueblo además puede pedir que se eleve a la plebe a mejores condiciones de vida! ¿No comprenden que si la doctrina del Eco del Pueblo fuera sostenible, esa elevación de la plebe valdría tanto como ir a la ruina? Pero por fortuna, no es más que una tradicional mentira que la cultura desmoralice. No; el embrutecimiento, la pobreza y la miseria, en una palabra, las calamidades todas de la vida son las causas de la corrupción. En una casa en la que no se barre el suelo todos los días (mi mujer opina que hay que fregarlo también, pero sobre eso caben opiniones); en una casa semejante, pierde el hombre en dos o tres años la capacidad para pensar y obrar moralmente. La falta de oxígeno debilita la conciencia, sí; y parecería que de oxígeno deben andar mal muchas, muchas casas de nuestra ciudad, ya que la compacta mayoría debe estar muy falta de conciencia para que pretenda edificar la prosperidad de la ciudad sobre cimientos de mentira y engaño.

THOMSEN.—¡Semejante insulto no puede arrojársele al rostro a una reunión entera de ciudadanos!

UN SEÑOR.—Propongo que se le retire la palabra al orador.

VOCES INDIGNADAS.—¡Sí, sí; eso es lo que hay que hacer: quitarle la palabra!

STOCKMANN. (Fuera de sí.) —¡Entonces gritaré la verdad por las calles! ¡La llevaré a diarios de afuera! ¡Todo el país sabrá lo que pasas aquí!

HAUSTAD.—Va pareciendo que el foctor pretende arruinar la ciudad.

STOCKMANN.—Sí; yo quiero tanto a mi ciudad, que preferiría arruinarla a verla prosperar gracias a una mentira.

THOMSEN.—¡Esto ya es demasiado! (Escándalo y silbidos. JUANA tose en vano, el doctor ya no oye.)

HAUSTAD. (Dominando con su voz el tumulto.) —¡Quien quiera arruinar la ciudad entera es su enemigo!

STOCKMANN. (Con exaltación creciente.) —Sí, todos los que viven en la mentira deben ser exterminados como animales. Terminan por apestar el país entero, lo llevan a un punto en el que él mismo merece ser aniquilado. Y si las cosas llegan tan lejos, se los digo de todo corazón, ¡que perezca todo el país; que sea exterminado el pueblo entero!

UN HOMBRE.—¡Eso es hablar como un enemigo del pueblo!

BILLING.—¡Oigan, oigan! ¡Así habla la voz del pueblo!

TODA LA MUCHEDUMBRE.—¡Sí, sí! ¡Es un enemigo del pueblo! ¡Odia a su ciudad! ¡Odia al pueblo entero!

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

Los programas de partido

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18th June 2019

STOCKMANN.—Y ahora pretenden quitarme también el ejercicio de la profesión… ¡Así pudieran!… En todo caso los pobres sí me quedan…, los que no pagan. ¡Pero, Dios, también son los que más me necesitan! ¡Ah, y lo que es oírme, tendrán que oírme todos! ¡Día y noche predicaré en sus oídos!

JUANA.—¡Pero, Otto! Creo que ya has visto para lo que sirve predicar.

STOCKMANN.—Eres cómica realmente, Juana. ¿Es que voy a dejarles el campo libre a la opinión pública y a la compacta mayoría y a todas esas cosas? ¡Muchas gracias! ¡Y lo que quiero es tan claro y tan simple!… Yo quiero hacer que comprendan las cabezas que todavía no están desarrolladas que los liberales son el peor enemigo de todo hombre libre…, que los programas de partido ahogan todas las nuevas verdades…, que ese preocuparse sin cesar de la moral y de la justicia se le sube a uno a la cabeza de forma tal que al cabo termina por convertir la vida en un infierno. ¿No cree usted también, capitán, que esto se le puede hacer entender al pueblo?

HOLSTER.—Es posible, yo no entiendo mucho de esas cosas.

STOCKMANN.—Fíjese usted; ante todo, hay que exterminar a los cabecillas de los partidos. Un cabecilla de partido es como un lobo, un lobo hambreado… quiere vivir, necesita devorar anualmente tantos corderos. ¡Vea usted a Haustad y Thomsen! ¡Con cuántos corderos han acabado ya! ¡O los degüellan o los abandonan de manera que no sirvan para otra cosa que para propietarios urbanos o para suscriptores del Eco del Pueblo! (Se sienta en el borde de la mesa.) ¡Ven acá, Juana…, mira qué hermoso está hoy el sol! ¡Y también este aire fresco de primavera que nos entra por las ventanas!

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

Sacar partido pase lo que pase

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18th June 2019

HAUSTAD.—¡Chist! ¡Que no vaya a oír eso Thomsen!

BILLING. (Bajando la voz) —Thomsen es un mentecato, un cobarde. No tiene una sola chispa de valor. Pero esta vez impondrá usted su voluntad, ¿no?; porque el artículo del doctor se imprime, ¿no es verdad?

HAUSTAD.—Con tal de que el alcalde no se resigne voluntariamente…

BILLING.—Eso sería tremendo.

HAUSTAD.—Pero afortunadamente podemos sacar partido de la situación, pase lo que pase. Si el alcalde no acepta la propuesta del doctor, se le echan encima todos los pequeños burgueses, toda la Asociación de Propietarios. Y si la acepta, se pone en contra a los grandes accionistas, que han sido hasta ahora su mejor apoyo…

BILLING.—Sí; porque ésos tendrán que dar, seguro, una sumita respetable…

HAUSTAD.—De esto puede usted estar seguro; y entonces está roto el círculo, y nosotros nos encargamos de mostrar al público, día por día, que el alcalde no sirve en absoluto para desempeñar su cargo, y que todos los cargos de confianza, la administración municipal entera, deben ponerse en manos del pueblo.

BILLING.—En realidad, la situación no puede ser mejor para nosotros; ya lo creo, ya lo creo. ¡Estamos en vísperas de una revolución local! (Llaman.)

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

Debajo y encima de la raya

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18th June 2019

PETRA.—Bien. Precisamente quería decirle que debe buscar otra cosa. (Abandonando el libro sobre la mesa.) La historia no sirve en absoluto para el Eco del Pueblo.

HAUSTAD.—¿Por qué no?

PETRA.—Porque está en completa contradicción con sus propias ideas.

HAUSTAD.—¡Oh! En lo que se refiere a eso…

PETRA.—No me entiende usted. Se trata en ella de cómo una mano sobrenatural protege a los llamados hombres buenos aquí en la tierra hasta que al final todo se arregla del mejor modo posible, y de cómo todos los llamados hombres malos reciben su merecido.

HAUSTAD.—Pero eso es buenísimo. Ésos son precisamente los platos que pide el público.

PETRA.—¿Y quiere servirle platos semejantes? Pero usted mismo no cree una palabra de todo eso. Sabe que en la realidad las cosas no se resuelven así.

HAUSTAD.—Usted tiene razón. Pero un periodista no puede siempre obrar como sería su agrado. En cosas de poca importancia tiene que adaptarse a los gustos de sus lectores. Lo esencial en la vida, por lo menos para un periódico, es la política; y si mi público ha de mantenerse fiel en la dirección de la libertad y el progreso, no debo alarmarlo. Si debajo de la raya, en el folletín del periódico, encuentra una historia moral por el estilo, recibirá con más confianza lo que se le da por encima de la raya…; se sentirá así algo más seguro.

PETRA.—¡Uf! ¡Tenderles esos lazos a los lectores! No, tan traidor no puede ser. ¡Tender así un lazo!…

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

Trabajar por los pecados

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17th June 2019

HOLSTER.—¿Así que tiene usted demasiado que hacer?

PETRA.—Sí, y me alegra. Porque al terminar está una tan deliciosamente agotada…

BILLING.—¿Le gusta a usted eso?

PETRA.—¡Claro que sí! Después se duerme admirablemente.

WALTER.—Se creería que debes tener muchos pecados sobre tu conciencia, Petra.

PETRA.—¿Pecados?…

WALTER.—Sí, si trabajas tanto… El predicador dice que el trabajo se nos impuso como castigo por nuestros pecados.

FEDERICO. (Con un gesto de soberbia) —¡Bah! ¡Qué tonto eres en creer eso!

JUANA.—¡Federico, cuidado!

BILLING. (Riendo) —Tiene gracia.

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

¿De qué sirve el derecho?

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17th June 2019

STOCKMANN. (Paseando por la habitación.) —¡Y que tenga que tolerar que se me trate de esa manera! ¡En mi propia casa!

JUANA.—Sí, es una vergüenza.

PETRA.—¡Oh, quisiera…!

STOCKMANN.—Pero la culpa es mía. ¡Debí haberles mostrado hace tiempo los dientes, debí haber pegado fuerte!

JUANA.—Pero, Otto, piensa que tu hermano es el que tiene el poder.

STOCKMANN.—¡Pero yo tengo el derecho!

JUANA.—Sí, sí; el derecho, el derecho. ¿De qué sirve el derecho sin poder?

STOCKMANN.—¿Cómo? ¿Es posible que en una sociedad libre el derecho no sea un poder?

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

La fuente envenenada

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17th June 2019

ALCALDE.—Sí, como médico del balneario. Yo me vería obligado a pedirlo inmediatamente.

STOCKMANN.—¿Pero se atreverían a eso?

ALCALDE.—Tú mismo nos obligas.

PETRA.—¡Tío, un comportamiento semejante con un hombre como mi padre es indigno!

JUANA.—¡Petra!

ALCALDE. (Mirando despreciativamente a Petra.)
—¡Oh, ya te permites expresar tu opinión! ¡Claro, es normal! (A Juana.) Cuñada, usted es probablemente la persona más razonable de la casa. Emplee todo su influjo para hacerle entender a su marido las consecuencias que le puede traer su rebelión, así como para su familia…

STOCKMANN.—De mi familia no tiene que ocuparse nadie más que yo.

ALCALDE.—Así como para su familia, digo, como para nuestra ciudad.

STOCKMANN.—Yo, sólo yo pretendo el bien de la ciudad. Quiero descubrir los vicios que tarde o temprano tendrían que salir a la luz. Ya verán cuál de los dos es el que ama verdaderamente a su ciudad.

ALCALDE.—Tú, que en tu ciega porfía quieres cegar su fuente de vida más importante.

STOCKMANN.—¡Pero, hombre, si esa fuente está envenenada! ¡Es que no estás en tu juicio! ¡Estamos comerciando con inmundicia! ¡Ésa es nuestra fuente! Toda la prosperidad de nuestra vida social se alimenta de esa farsa.

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

Los marinos y la política

Etiquetas: henrik ibsen, un enemigo del pueblo.

17th June 2019

BILLLING.—¿Así que no se interesa usted por la política?

HOLSTER.—No, no entiendo nada de eso.

BILLING.—Es lo mismo, de todas maneras hay que votar.

HOLSTER.—¿También deben votar los que no tienen idea de ninguna de esas cosas?

BILLING.—¿Que no tienen idea? ¿Qué quiere usted decir? La sociedad es como un barco. Todos los que van a bordo deben participar.

HOLSTER.—En tierra firme, uede que tenga usted razón. Pero si aplicase usted a bordo esas teorías, iban a resultar malas experiencias.

HAUSTAD.—¿No es extraño que la mayoría de los marineros tengan tanta indiferencia por la vida pública?

BILLING.—¡Sí, es muy extraño!

STOCKMANN.—Los marinos son como los pájaros peregrinos: en todas partes les parece estar en casa. Pero ésa es una razón más para que los otros tomemos con mayor interés los asuntos públicos. ¿Hay algo interesante en el Eco de mañana?

HAUSTAD.—¡Naturalmente! Pero no local. Por lo demás, pasado mañana quería publicar su artículo...

  • Ibsen, Henrik. Un enemigo del Pueblo. Caseros: Gradifco, 2016.

El sabio británico

Etiquetas: años y leguas, gabriel miró.

1st March 2019

Calvario barroco de cipreses negros. Voltear de campanas a la redonda de las cumbres. Calles con toldos de cañizos. Fiestas y casas viejas. El Ayuntamiento con soportales de cal. En la sombra, un banco con los mismos abuelitos de siempre, que miran la lejanía desde la curva de sus cayadas.

En Callosa y en los pueblos que vienen detrás quedan soledades y hermosuras de señorío y de arte. Y ese varón británico no descansará escudriñándolas, removiéndolas, palpándolas, desjugándolas. Los artistas dejan intactas las bellezas para los otros artistas. Pero los sabios, los sabios oficiales, son los peores maridos de las guardadas bellezas. Buscan la doncellez y la dote del pasado, y ya el pasado es una esposa enjuta de laicas virtudes.

Sigüenza, sin ser erudito ni desearlo, sentía un rencor de celoso. Siempre preguntaba por el extranjero. Y siempre le decían:

—¡Allí sigue!

¡Allí seguía! ¿De manera que no se le saciaba su voracidad? Si en Benidorm y en otros pueblos una albañilería flamante dejó para siempre la palabra //chalet//, con su //t// apretada, a estas horas el caballero británico habrá esparcido por callejuelas y veredas vocablos doctos y deportistas. Y no pudo resistir su sobresalto y encaminóse a Callosa.

Solo, por la carretera, iba cortando el hervor de las cigarras. Llegó en el bochorno del mediodía.

En el portal de una ventana, a la sombra del alero, dormía un hombre, con las manos colgando por los hinojos y los pies saliéndosele de las esparteñas. A veces subía los párpados para mirar las telas de araña de las rejas de los pesebres. Tuvo que despertarle el amo de la posada; y él abría sus ojos grises de niño, le sonreía mordiendo una palabra valenciana y otra vez cabeceaba entre moscas de siesta.

Y vio Sigüenza que bajo la piel de badana, de sol y de relentes del hombre dormido, yacía el docto caballero inglés…

¡Levante! Levante era más poderoso que la sabiduría británica…

  • Miró, Gabriel. "Benidorm. Un extranjero. Callosa". Años y leguas. Navarra, España: Salvat, 1971.

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